martes, 3 de agosto de 2010

El Laberinto de la Vida




LABERINTOS
“En el laberinto, uno no se pierde, se encuentra. En el laberinto, uno no encuentra al Minotauro, se encuentra a sí mismo”.
(Hermann Kern)
Los laberintos son herramientas simbólicas de meditación que ayudan a aquietar y centrar la mente y el espíritu creando experiencias de paz interior y renovación que facilitan moverse con agilidad en la complejidad de la vida cotidiana. Se encuentran en diversas culturas ancestrales del planeta y representan generalmente el universo en su mundo exterior e interior, siendo una imagen arquetípica y metafórica de los movimientos del alma humana y de la unidad representada en el círculo.
En un laberinto, el camino de ida puede representar la humildad, la sencillez, la confianza de llegar al centro. El centro es un lugar que invita a la oración, la meditación e iluminación. El camino de vuelta evoca la integración, la unión, la creatividad y la fortaleza. El recorrido puede permitir una experiencia de autenticidad, una vivencia de contacto con el movimiento paradójico de la vida, un “darse cuenta” de que llegar al centro tiene sentido en función del retorno. Esto permite utilizar el laberinto como instrumento de transformación. La mejor manera de comprender un laberinto es recorrerlo varias veces, abiertos y receptivos a los mensajes de la intuición y del corazón.
LABERINTO DE CHARTRES:
Laberinto 7 circuitos Chartres 151x141 Hace unos 800 años, en el siglo XIII, los cristianos de Europa acostumbraban peregrinar a Tierra Santa, símbolo de lo que era vivir el camino de la “Jerusalén Celestial” en busca de salud física y espiritual. La pobreza y el temor por la guerra de las Cruzadas fueron un obstáculo que no permitió a muchos realizar ese viaje. Así surgió el diseño del laberinto como recurso simbólico y místico en algunas catedrales, cuyo recorrido reemplazaba la peregrinación.Detalle Chartres 155x108
El Laberinto de la Catedral de Chartres (Francia) es quizá uno de los más famosos y uno de los pocos que sobrevivieron al paso de los siglos, y es objeto de visitas y admiración por peregrinos, místicos e historiadores del mundo. Es un mandala* espiritual gótico; fue construido en la nave mayor de la catedral hacia el año de 1220.
Esta réplica del Laberinto de Chartres es una metáfora del camino espiritual y de la vida misma; tiene un origen, un camino de ida, un centro en lo más interno y un camino de vuelta; el laberinto tiene ciclos, es impredecible, tiene dudas, giros, retrocesos, acercamientos y alejamientos que finalmente llevan al gozo de encontrar el centro y retornar al origen. Su recorrido ayuda a “ver” con los ojos del corazón, a ir más allá de la mente racional-lineal para entrar en las profundidades del mundo intuitivo-espiritual e integrarlo en un todo, como símbolo de la unidad.
LABERINTO CRETENSE:
Detalle Cretense 160x118 Cretense 152x145 El Cretense parece ser una de las primeras formas conocidas de los laberintos; es un mandala* que aparece grabado en monedas de alrededor del 100 al 500 a. C. halladas en la zona del Mediterráneo; es un laberinto clásico cuya leyenda proviene de la mitología griega.
Cuenta la historia que Minos -rey de Creta, pidió a Poseidón -rey del mar, una ofrenda para apaciguar a los dioses; Poseidón le envió un toro blanco muy hermoso y Minos le desobedeció dejándolo para sus rebaños; en castigo, Poseidón hizo que Pasifae, esposa de Minos, se enamorara locamente del toro, quedó embarazada y dio a luz un monstruo horrible, mitad humano, mitad animal: el Minotauro; resultó ser una bestia tan indomable, que Minos pidió a Dédalo que construyera un laberinto para encerrarlo.
Mientras tanto, los atenienses habían sido obligados por el rey cretense Minos, a enviar a Creta cada nueve años, siete de sus mejores hombres para ser ofrecidos en sacrificio; en esta ocasión serían enviados al Minotauro. Teseo, hijo de Egeo -rey de Atenas, convenció a su padre para permitirle ir a Creta; allí conoció a la hija del rey Minos, Ariadna, quien se enamoró de él y le entregó un ovillo de hilo antes de entrar al laberinto para que no perdiera el rastro. Teseo dio muerte al Minotauro, y con la ayuda del hilo de Ariadna logró salir del laberinto. Teseo regresó a Atenas y se convirtió en su nuevo rey.
A partir de esta historia, el laberinto Cretense se convirtió en un símbolo de la reclusión y la libertad, de la vida y la muerte, de la oscuridad y la luz, de la pérdida y del encuentro de sí mismo.
“Si quieres ver un cambio en el otro, comienza por hacer un cambio en ti mismo”
AWEN .
El Canto de las Runas)(

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